En clave digital

Mi día a día con la IA: Así se está usando ya en sectores muy diversos

Ainhoa Azabal es diseñadora gráfica y autónoma. Entre las herramientas que han supuesto para ella un antes y un después menciona Adobe Firefly para la generación de contenido en Photoshop, que le ha ahorrado mucho tiempo y trabajo. “Pero ahí debe estar el profesional, que debe filtrar lo que la IA produce para que sea realista”. En presentaciones para empresas, en ediciones de vídeo, sin duda la IA ha supuesto un paso adelante a la hora de escalar una imagen o limpiar el sonido, tareas que antes tenían que hacerse manualmente. 

“Bien usada la IA no se nota. Mal usada puede ser terrible, por eso siempre debe haber un profesional detrás, para hacer un buen uso de la herramienta”, reflexiona Ainhoa, para quien “la IA es 100% útil”, aunque reconoce que los clientes han reducido los tiempos y cada vez los plazos de entrega son más apurados. 

“No hay que tenerle miedo, siempre que detrás haya una persona que piense y con capacidad de usarla”, prosigue la diseñadora, que reconoce que está percibiendo cierto intrusismo en el sector, una falsa creencia de dominio de “gente que se cree capacitada sin estarlo porque se piensa que la herramienta le va a hacer el trabajo”. 

Ainhoa usa la IA para diseñar, pero también para traducir, a la hora de comunicarse con sus clientes internacionales, al optimizar textos para que tengan más impacto en redes… o para organizarse cuando tiene que acometer un gran proyecto, a la hora de planificar las microtareas que tiene que ir sacando adelante. 

En realidad, para Ainhoa, en su sector tampoco había otra opción, pues las herramientas que empleaba la han ido incorporando. 

“Para Ainhoa, en su sector tampoco había otra opción, pues las herramientas que empleaba la han ido incorporando”

Ainhoa hoy no concibe su profesión sin Adobe Firefly, pero también recurre a la versión de pago de ChatGPT cada vez que lo necesita.

Y recuerda incluso cuándo comenzó su acercamiento a la inteligencia artificial. Coincidió en un evento con un grupo de chavales bastante más jóvenes que ella, unos 10 años menos, en torno a los veinte: ellos hablaban con naturalidad de las optimizaciones de IA que usaban en su día a día, así que Ainhoa, en cuanto oyó hablar de ella, empezó a usarla, pero sin abusar. 

Eso sí, sus tarifas por hora no han cambiado, son innegociales, pues Ainhoa asume que no se le paga solo por ejecutar, sino que sobre todo se le paga por pensar, por su criterio como diseñadora. 

“La IA me ayuda, pero soy yo la que tengo la idea, me pagan por la idea”

 

Irene Gil Alarcón es abogada y asesora fiscal, y trabaja por cuenta propia. Se dedica sobre todo a fiscalidad de personas físicas y pequeñas empresas y autónomos, y también divulga sobre fiscalidad en redes sociales. Para ella, «la IA juega supone un apoyo para todo lo que no son cuestiones propiamente jurídicas». «La uso mucho para lo que rodea al trabajo técnico: ordenar ideas, resumir documentación extensa, resumir las tareas a realizar tras una reunión, automatizar la realización de facturas y presupuestos… En resumen, para la gestión de despacho», explica.

Para Irene, «en la mayoría de sectores, el mío incluido, la IA todavía no es absolutamente imprescindible, es una ventaja competitiva: Quien la sabe usar bien, va más rápido y puede abarcar más trabajo. Pero hay sectores que se han reconfigurado enteros con la IA: traducción, marketing, desarrollo de software…».
Irene se considera «usuaria avanzada pero no técnica: la uso a diario y sé sacarle partido, pero no programo ni monto automatizaciones complejas». Se ha vuelto imprescindible a la hora de resumir y ordenar documentación larga, preparar contenido divulgativo para redes, trabajar en varios idiomas, preparar checklist para pedir la documentación al cliente, preparar reuniones ordenando los puntos a tratar… pero nunca la utiliza, en cambio, para buscar jurisprudencia, determinar los criterios fiscales de Hacienda, interpretar leyes… «En esas tareas la IA todavía falla».
Su primer consejo para un autónomo/a a la hora de incorporar al IA es «empieza por el problema, no por la herramienta. Identifica qué tarea te ocupa mucho tiempo sin aportar valor y busca algo que te solucione específicamente eso. Al revés, contratar herramientas y luego ver para qué sirven, solo genera un gasto en suscripciones que no usas». Y el segundo: verifica siempre. «En mi sector ya hay sanciones a abogados por utilizar la IA para redactar escritos y citar sentencias inexistentes», asegura.
«Empieza por el problema, no por la herramienta. Identifica qué tarea te ocupa mucho tiempo sin aportar valor y busca algo que te solucione específicamente eso»

 

Otro testimonio interesante, junto con el de Irene y Ainhoa, es el de David Pardo, socio director en Kaam Innovación y Tecnología. De hecho, esta pequeña empresa tecnológica, de alrededor de 20 personas, es un observatorio privilegiado del grado de implantación de la IA en distintos sectores, pues en Kaam trabajan en proyectos de I+D+i y transformación digital, intentando convertir conocimientos, datos y tecnología en soluciones aplicadas a problemas reales en sectores como agroalimentación, salud, energía o industria. 

Pardo se considera un usuario avanzado gracias a esta experiencia en propuestas de I+D+i tanto nacionales como europeas, pero, para él, el uso de la IA no debería medirse por el número de herramientas de IA que se utilizan, sino por hasta qué punto están integradas en la forma de trabajar. 

“Yo la utilizo prácticamente a diario como una capa de asistencia transversal, es decir, con la investigación y análisis de información, con la exploración tecnológica, programación, revisión de documentación, preparación de propuestas de I+D+i, análisis de requisitos, síntesis de grandes cantidades de información o generación y contraste de alternativas”, reconoce. 

Para él, “el cambio más importante” lo ha supuesto “pasar de utilizar la IA únicamente para “preguntarle cosas” a diseñar flujos de trabajo alrededor de ella. Por ejemplo, trabajar con documentación propia mediante RAG, utilizar diferentes modelos dependiendo de la tarea, automatizar procesos mediante APIs o agentes y conectar la IA con otras herramientas y fuentes de datos”

Por sectores

Los usos cambian mucho según los sectores. Entre los sectores que mayor impacto pueden obtener de la IA menciona la agricultura, «donde podemos combinar imágenes, sensores, meteorología, históricos productivos y conocimiento agronómico para pasar de una gestión reactiva a modelos mucho más predictivos, anticipando necesidades de cultivo, detectando anomalías o ayudando a optimizar recursos», la salud, para explotar conocimiento clínico y apoyar determinados procesos, la energía, para previsión de demanda, generación, mantenimiento u optimización de activos”.

En cuanto a la velocidad de adopción, hay sectores como el software, la ciberseguridad, el marketing digital, los servicios financieros o el comercio electrónico, en los que la IA ya está dejando de ser una ventaja competitiva «para convertirse prácticamente en infraestructura”. Son sectores que “por la cantidad de datos, interacciones y decisiones”, “es muy difícil que puedan escalar sin automatización y modelos inteligentes”. En otros, pronostica, su incorporación costará más, sobre todo en aquellos «más regulados, con sistemas heredados o donde el dato está muy fragmentado” y en los que «hay que resolver aspectos como la calidad e interoperabilidad del dato, la privacidad, la explicabilidad, la gobernanza o la integración con los sistemas existentes».

“Adoptar la IA rápido no significa necesariamente adoptarla bien”

Para Pardo, “la gran diferencia no estará entre quienes utilizan la IA y quienes no, sino entre quienes simplemente consumen herramientas de IA y quienes consiguen integrarla de forma fiable en sus procesos y convertir sus datos y conocimiento en una verdadera ventaja competitiva”.

Copiloto, pero no sustituto

“En determinadas tareas se ha convertido en una especie de copiloto permanente”, prosigue David. “Lo que a veces algunos ingenieros informáticos o investigadores deben comprender es que no sustituye el criterio profesional, pero sí reduce muchísimo el coste de explorar, analizar, comparar y producir una primera solución”. 

Precisamente por estar tan habituado a su uso, David es consciente de dónde no delegaría: “en decisiones estratégicas, en validaciones técnicas críticas, en información sensible o cualquier resultado cuyo error tenga consecuencias importantes… Todo ello requiere supervisión humana y fuentes verificables”. 

Para mí, el verdadero usuario avanzado de IA no es quien automatiza todo, sino quien sabe qué automatizar, qué verificar y qué decisiones deben seguir siendo humanas”

Consejos para empezar

A la hora de empezar, David recomienda, como Irene, que “no se empiece eligiendo una herramienta, sino identificando un problema”: “Actualmente existe tanta oferta de inteligencia artificial que es muy fácil acabar acumulando suscripciones sin haber transformado realmente ningún proceso. Yo empezaría analizando qué tareas consumen más tiempo, cuáles son repetitivas, dónde existe mucha información que revisar y qué procesos tienen un coste elevado precisamente porque dependen de trabajo manual”, explica el experto, para quien, a partir de ese momento se puede valorar la capacidad real de la herramienta para resolver ese problema, la facilidad de integración con el flujo de trabajo existente, la privacidad y tratamiento de los datos, la posibilidad de automatización y el coste frente al tiempo o valor generado. 

“Creo que también es importante no casarse con un único modelo”, analiza. “El ecosistema está evolucionando muy rápido y cada modelo puede ser especialmente bueno en determinadas tareas. Realmente creo que cada vez tiene más sentido pensar en una arquitectura de herramientas y modelos que en “la herramienta de IA”.

Otro punto importante para él es “dejar de utilizar únicamente IA genérica y empezar a conectarla con nuestro propio conocimiento»: «La documentación, los procedimientos, el histórico de proyectos, los clientes o los datos internos podemos convertirlos en un contexto de sistemas RAG y agentes especializados, y ahí es donde la IA deja de ser simplemente una herramienta para redactar más rápido y empieza a convertirse en una capacidad propia”. 

“La IA es un ayudante capaz de hacerme mejorar porque me entiende, entiende mi negocio y entiende lo que quiero y necesito y, ella, la IA, me facilita los datos y procesos necesarios para seguir mejorando y creciendo”

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